Un estudio de la localidad española de Asturias demuestra que los adolescentes están cada día más absortos frente a las pantallas digitales.
El confinamiento y el covid ya tienen otra secuela en las vidas de los adolescentes españoles y, por extensión, en sus familias. Están más "empantallados" que antes de la pandemia y las normas de control de uso de móviles, tabletas y ordenadores se han relajado respecto a otros años. Ha habido un gran uso laboral y escolar de las pantallas, pero más aún es el uso recreativo. De hecho, el 84% de los adolescentes en España afirma que utiliza mucho el móvil para no aburrirse, sobre todo cuando están solos en casa. Y a todo eso hay que añadirle los usos de riesgo: más del 20% de los adolescentes reconoce que les han insultado por WhatsApp o redes sociales; en el último mes, el 20% reconoce haber visto pornografía, el 7% ha jugado en una web de apuestas y el 5% ha enviado a otra persona de sus contactos imágenes desnudo.
En la parte más positiva el estudio muestra que el 75% de adolescentes ha buscado recientemente algún videotutorial para aprender a hacer algo nuevo, y, en el último año, el 60% ha hecho algún trabajo de modo colaborativo gracias a las tecnologías de la información y la comunicación.
Son algunos de los datos que recoge la IV edición del estudio "El impacto de las pantallas en la vida familiar. Familias y adolescentes tras el confinamiento", que se acaba de presentar en España. Se trata de una investigación realizada por empantallados.com y GAD3, con el apoyo de "Por un uso Love de la Tecnología" y la Comisión Europea. La investigación se hizo a finales de 2021, con una encuesta a padres con hijos adolescentes, así como a adolescentes entre 14 y 17 años.
De este modo, el informe publicado revela que el 68% de los adolescentes usa el teléfono móvil más que antes de la pandemia, cuatro puntos por encima del uso que hacen los propios padres (64% también reconoce que ha incrementado el uso). Además, el 51% de padres y el 54% de hijos reconoce usar el ordenador más que con anterioridad a la crisis sanitaria.
Además, el 51% de los progenitores reconoce que las normas digitales se han flexibilizado en las casas; algo que percibe uno de cada tres adolescentes (34%). "El aumento de confianza de los padres en sus hijos, cuando estos van creciendo; y la inercia de la pandemia, lo explican", subrayan los autores del estudio.
Otra de las conclusiones que se extrae es que el 56% de los padres cree que los hijos están más "enganchados" a las pantallas que antes del covid hasta el punto de distorsión que un 36% de los adolescentes asegura que prefiere quedarse en casa jugando a un videojuego a salir a la calle.
Y todos esos impactos se entienden aún menos cuando se constata que el 65% de los padres piensan que las pantallas y las redes sociales son una amenaza para la autoestima de los adolescentes, y que incluso el 43% de los menores creen que las pantallas producen en ellos una montaña rusa de emociones. Aunque, es cierto que el 55% piensa que esas pantallas les ayudan a ser más felices. El 48% lo que considera es que les ayuda a evadirse de su realidad diaria. Y en esa evasión placentera, los videojuegos son un placebo mayor que las redes sociales ya que hay un 59% de jóvenes que dicen sentirse mejor con los jugos, frente al 52% que lo dice de las redes sociales, al 52%.
Otro dato que se plasma es que el 78% de los adolescentes dice que, aunque piensen distinto, hacen caso de los consejos de sus padres y, por ejemplo, en un tema como la elección de estudios, el 60% afirma que tomarían en cuenta lo que digan sus padres, seguidos de a sus amigos y tutores, y solo un 6% le harían caso a un "influencer".
Por lo que respecta a las relaciones intergeneracionales que pueden propiciar las pantallas, en cualquiera de los formatos, la encuesta constata que en el último año, el 48% de los adolescentes han ayudado a sus padres con temas de pantallas porque sabían más (por ejemplo con el uso de las videoconferencias o las redes sociales) y el 43% de los padres han ayudado a sus hijos en temas que dominaban mejor, como los programas Office. Más de un 30% de los padres reconoce sentirse perdido en cómo educar a su hijo en un uso saludable de las pantallas.
Asimismo, el 71% de los padres afirman que sus hijos tienen menos criterio para diferenciar la calidad de las noticias; y que, por tanto, son más vulnerables a bulos y fake news. En el último año, dos de cada diez adolescentes (21%) han reenviado alguna noticia falsa pensando que era cierta, una cifra que desciende hasta el 13% entre los padres.
Y con todo ese adiestramiento con el que ya conviven, no es raro que los padres y las madres piensen mayoritariamente que sus hijos gestionan mejor la sobrecarga informativa del ámbito digital; por contra el 45% de los padres se sienten agobiados por el aluvión de notificaciones, un agobio que solo sufren el 35% de los adolescentes.
En la parte más positiva se refleja que el 67% de adolescentes resaltan que las pantallas les facilitan buscar nueva información; el 58%, que la tecnología les ayuda a tener más comunicación con los demás; y el 53% que les ayudan a ser más curioso y generar nuevas inquietudes.
Finalmente, el 94% de los padres afirma que las pantallas van a ser muy importantes para el futuro profesional de sus hijos y el 92% sabe que internet cambia muy rápido el mercado laboral.
En el acto de presentación han participado Narciso Michavila, presidente de GAD3 y Pía García Simón, de Empantallados, quienes han comentado las principales cifras del estudio; así como Daniel Morales, director Responsabilidad Social Corporativa de Orange.
Fuente: "La nueva España"
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