El regreso de Batman a la gran pantalla, tras sus múltiples apariciones en las distintas sagas de Burton, Schumacher y Snyder, esta vez con Matt Reeves (Monstruoso, 2008) a los mandos del asunto, significa todo un revulsivo dentro de la, más bien confusa, línea de películas de DC / Warner, al presentar a un nuevo Batman que, si bien, está en consonancia con la mirada y el cuerpo que le otorgó Christopher Nolan en El caballero oscuro (2008), ahonda aún más en la aproximación a un personaje torturado presentado en un contexto terriblemente adverso, con un villano cruel, enloquecido y sumamente inteligente -también hay ecos del Joker de Heath Ledger en el Enigma de Paul Dano-, renueva su posicionamiento sobre el personaje al plantearlo más como un detective enmascarado que con un superhéroe capaz de resolver sus problemas lanzando batarangs y pegando puñetazos. Todo ello en un contexto extremadamente realista -de nuevo más cerca que Nolan que de Snyder, por ejemplo- donde Batman no deja de correr a la caza de un asesino imprevisible, siendo golpeado una y otra vez por sus rivales (creo que es la película en la que Batman más puñetazos y balas se acaba zampando).
Reeves acierta de pleno en su planteamiento de la jugada. Con una puesta en escena cuidadísima, plagada tanto de imágenes sensuales -ese Bruce Wayne yendo en moto mientras suena el “Something in the way” de Nirvana- como de secuencias de alto poder adrenalínico donde el cineasta decide dejar la cámara fijada -en los laterales y en el interior del coche o de la moto- creando unas imágenes potentísimas donde la violencia es vivida más que observada, girando el vacío habitual de tanta escena grandilocuente en el cine de superhéroes contemporáneo, hacia una imagen física y violenta que gana más por la combinación inteligente de planos aislados que con la cansina secuencia larga y ampulosa de cualquier película que os venga a la cabeza.Dado el corpus dramático de la cinta, con exploración a las heridas familiares de los Wayne inclusive, su tono negrísimo y su espíritu de thriller criminal, es cierto que The Batman se habría beneficiado de un metraje algo más reducido. Tres horas de película da espacio para muchas cosas y no todas acaban pesando igual en la balanza. No es lo mismo que la película siga los pasos de Enigma que los de Falcone (John Turturro) e igual aún había podido arriesgar más y ahorrarnos una gran escena final que, esta vez sí, se acerca al territorio común del cine de superhéroes. Es el único pero que le puedo poner a una película que, en líneas generales, me parece fabulosa, tensa y terrorífica cuando toca, apesadumbrada y fatalista cuando las sombras se hacen dueña de la función. Un gran acierto el de Matt Reeves.
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